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Hanami, una celebración de la vida

  • Foto del escritor: Yukari Kawauchi
    Yukari Kawauchi
  • 27 mar 2021
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 2 abr 2021

Llega el mes de marzo y con él la aparición de las flores de sakura en Japón, anunciando el fin del invierno y la llegada de la primavera. Este es un gran evento en Japón, que puede ser observado a partir de la tradición del hanami, que consiste en la contemplación de los diversos árboles de cerezo que hay por todo Japón, haciendo del paisaje cotidiano una experiencia diferente durante el corto tiempo de floración de estos árboles. Esta tradición se remonta al periodo Nara de la historia de Japón (siglo VII) y se vincula con una fiesta que se celebra también en el mes de marzo, con motivo del día de las niñas (Hina Matsuri).


Dentro de los jardines de la corte y de la nobleza japonesa, se componían poemas mientras se contemplaba la naturaleza, en especial las flores de sakura, mientras se bebía sake, todo esto para celebrar el cambio de estación. Esta práctica se extendió al resto del pueblo durante el periodo Edo (siglos XVII-XIX) en donde se plantaron muchos de estos árboles en los parques, para la contemplación de las clases populares, surgiendo así fiestas animadas en las que se bebía sake y se compartían alimentos, y que se han extendido hasta el día de hoy, en el que los japoneses, cada vez que empiezan a florecer los cerezos, realizan picnics para estar en contacto con la naturaleza y admirar la belleza de la vida, mientras comen platos típicos de la temporada (hanami bento) como inarisushi (bolsitas de tofu fritas, rellenas de arroz), tamagoyaki (omelette estilo japonés), takoyaki (bolitas de pulpo a la parrilla), tsukemono (verduras encurtidas), sakuramochi (pastel de arroz, relleno de frijol dulce envuelto en una hoja de cerezo) y por supuesto compartiendo sake que es la bebida tradicional de esta época del año.


La celebración de la primavera es una de las fiestas más antiguas y difundidas de la humanidad, probablemente data desde la Prehistoria y es parte de las tradiciones más arraigadas de diferentes culturas del mundo hasta nuestros días. Y es que esta festividad nos vincula con lo básico del ciclo vital, con nuestro origen y destino, y nos infunde esperanza en la posibilidad de la renovación.


En México tenemos un equivalente, cuando también en primavera, el paisaje se pinta de lila por el corto periodo en el que florean las jacarandas, que curiosamente fueron traídas a nuestro país a principios del siglo XX por dos jardineros japoneses de la familia Matsumoto, quienes recomendaron al entonces presidente de México Álvaro Obregón, sembrar estas plantas en las principales avenidas de la ciudad, en lugar de cerezos, por las diferentes condiciones climáticas.


Aprovechemos entonces este espectáculo que nos ofrecen las jacarandas para celebrar la vida, la renovación, cargarnos de esperanza sobre lo que viene el futuro, compartiendo con nuestra familia o amigos una rica botella de sake. ¡Kanpai!


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